Eduardo Sánchez Rugeles
Confieso
que he olvidado mi trato con este blog. A pesar de que no he parado de leer, he
descuidado la rutina de escribir mi opinión sobre los libros.
Hace unas
semanas me terminé Liubliana, no puedo evitar pensar que este
nombre me parece exageradamente complicada.
Jajaja! Aun así, con su título raro, amé este libro.
Eduardo
Sánchez Rugeles tiene una gran habilidad para describir el exilio. Que en mi
opinión es lo más duro de sus libros. En este relato se nota la madurez del
autor, no soy quien para decir cuando un escritor es maduro o inmaduro, lo que
quiero decir es que en ese libro se siente otro tipo de narración, más seria.
Rugeles
hace una descripción sumamente interesante sobre el Latinoamericano, me hizo
pensar mucho, se las dejo más abajo:
“¿Tú sabes
cuál es el problema de América, Guerrero? El complejo. Somos unos acomplejados.
Eso es todo. No es España ni los Estados Unidos quienes nos señalan y nos
dicen: ustedes son mestizos y son brutos o ustedes son indios y son brutos.
¡No! Somos nosotros los que no nos tenemos fe, los que luchamos contra nosotros
mismos, los que no soportamos que uno solo de los nuestros tenga una opinión
diferente, mucho menos éxito. Lamentablemente, en América Latina los políticos
y los académicos han hecho de la quejadera un paradigma. Esta gente sigue
pensando que los responsables de los problemas contemporáneos, la pobreza
extrema, la exclusión y la miseria son Hernán Cortés y Cristóbal Colón. Así lo
enseñan en las escuelas; tras doscientos años de vida independiente a nadie se
le ocurre asumir la responsabilidad.
…El
complejo, la convicción de nulidad, la debilidad como principio, el saberte
limitado por tu condición de vencido, el saber que, a menos que prive un
criterio de eso que llaman discriminación positiva, perdimos el partido. Yo,
Guerrero, con humildad y modestia, sin afán de polémica, tengo una opinión muy
personal sobre lo que significa ser latinoamericano. Puedo decírtela sin
terminologías extrañas, sonetos forzados o recetas de vida. Es algo muy
sencillo: ser latinoamericano es, simplemente, saber que en cualquier momento
te pueden joder”. (Páginas: 177, 178 y 179)
¿Cómo explicar lo que se siente al leer cada frase
de este libro?
Sus relatos
son descripciones cercanas a las realidades que viven muchas sociedades. El
exilio no lo vivimos solamente los venezolanos, es una condición de cualquier
persona, de aquel que se considere ciudadano. He llegado a pensar que la
tierra, el arraigo, el nacionalismo no lo hace el lugar en que naciste,
personalmente no me siento totalmente identificada con mi sociedad, no
significa que no la quiera, pero más allá de eso, no la siento mía. No entiendo
como podemos funcionar sin reglas, sin rumbo. Para mí esto es un limbo, y
particularmente me disgusta muchísimo sentirme perdida.
Y sobre el
exilio, Eduardo Sánchez Rugeles, a
través de Gabriel dice lo siguiente: “el exilio está ensamblado
sobre la base de un mito: el resto del mundo es un lugar mejor. Me fui de
Venezuela con la convicción de que hacía lo correcto. Tardé mucho tiempo en
darme cuenta de que Caracas, como un cáncer inoperable, estaba enredada en lo
más profundo de mi memoria. Mi Caracas, lo sé, es una geografía fragmentaria,
incompleta, tendenciosa. Me costó entender que la tragedia del exilio la
escriben las cosas invisibles, los pequeños detalles que pasan desapercibidos.
No todo el mundo se da cuenta de que lo que duele, lo que se echa de menos, es
la belleza espontánea de lo insignificante. (Página: 206 y 207)
“Quizas- me dije- aquello que llamamos hogar
solo sea una invención de la memoria” (Página: 324)
Recomiendo
este libro, lo repito para que quede claro: RECOMIENDO la lectura de este libro porque su escritura es
hermosa, su relación con la música es original, porque el soundtrack
conmueve el corazón de cualquiera, porque lo cercano, lo contemporáneo pega en
lo más hondo y muchas veces lo ignoramos por miedo, con Liubliana no hay escape
o lo enfrentas o lo enfrentas.
Porque la
muerte de Gabriel, como la describe Rugeles, es un laberinto del recuerdo. Porque
el amor que vive Gabriel con Carla, es el amor de hoy en día, fugaz, solitario,
lleno de pasión y sin sustancia, lleno de complejos y de inestabilidad, de "ya
veremos", "de no sé", "tal vez", de indiferencia. Es así: “nuestros cómo estás eran
preguntas aprendidas que cualquiera de los dos respondía con automáticos bien y
tú. Mi presencia parecía incomodarle; me miraba con miedo, quizás con ladilla”
(Página: 86)
Pero a su
vez, Gabriel no logra sobrellevar este amor efímero que le brindó Carla, se queda
ahí, esperando que regrese: “Mi propósito es claro: le vendería el alma al
diablo, a cualquier diablo, para que me devuelva la serenidad de aquel abrazo;
quiero vivir ahí, permanecer hasta el último día en esa baranda, a la sombra de
los dragones, hacerme viejo en su regazo. A pesar de la búsqueda, nunca he
encontrado al demonio; la figura más parecida al Mal aparece todos los días
abandonada en el espejo, pero se trata de un diablo impotente, de un disfraz de
Satanás hecho con pana y pabilo, de un aprendiz de mago sin esclavos, tridente
ni infierno, de un ángel caído que no sabe hacer fuego” (Página: 126).