lunes, 18 de febrero de 2013

Los desterrados, Eduardo Sanchez Rugules


Los desterrados
Eduardo Sanchez Rugules


Luego de la lectura de Los Desterrados, sólo quisiera decir que cierro el ciclo de libros de Eduardo Sánchez Rugeles, ya que mi objetivo era conocer la visión que tenía el autor sobre la sociedad actual, y lo he logrado al estudiar tres de sus escritos.

También quiero decir que lo que se representa en éstas historias es fuerte, triste y probablemente verdadero. Ojalá no existieran relatos que hablaran del exilio o de lo duro que es la vida, a partir de ahora quisiera comenzar a leer otro tipo de visiones en las que se puedan obtener enseñanzas como las de Siddhartha. 


Lo que sí debo decir de ésta serie de libros de Sánchez Rugeles es que me ha gustado ver la evolución por la que pasan los escritores, he disfrutado al ver como este autor ha mejorado en cada libro. Me da mucha alegría ya que es un escritor venezolano. 

Siddhartha, Hermann Hesse


Siddhartha
Hermann Hesse


Siddhartha, éste libro es muy especial para mí no estaba en mi lista, sin embargo fue un regalo que llegó en un momento especial de mi vida. 

Llegó para devolverme la fe en la humanidad y darme la paz interior de la que hoy en día gozo. 

Siddhartha es un libro sencillo de leer, sin embargo tiene mucho fondo. En él Hermann Hesse describe lecciones hermosas de cómo el ser humano necesita conocerse así mismo.  Siento que actualmente las personas huyen de buscar en su interior lo que realmente son porque tienen miedo, prefieren conformarse con lo que otros individuos quieran obtener de ellos. 

También este libro me enseñó sobre la tolerancia y me mostró una manera de ver y comprender las distintas posturas y personalidades de las personas. No podemos ser todos espirituales, vanidosos o inteligentes, el mundo necesita estar en equilibrio y este sólo se logra si existen individuos con distintas posturas. Lo realmente importante es saber, comprender, entender y respetar cada posición sin juzgar, ésta es la única manera de vivir en paz con uno mismo y con los demás. 

Después de la reflexión anterior, sólo quisiera dejar plasmados los fragmentos que para mi son los más relevantes del libro:   

“Todo lo sabían aquellos brahmanes y sus libros sagrados. Conocían todo y se habían interesado por todo eso y mucho más: por la creación del mundo, por el origen del lenguaje y de los alimentos, de la aspiración y espiración, por la jerarquía de los sentidos y los hechos de los dioses... Pero, ¿servía de algo conocer  todo eso si se ignoraba lo Uno y Único, lo más importante, lo único importante? (Página 14).

“No tengo ningún derecho a juzgar de la vida de otros. Sólo debo juzgarme a mí mismo y elegir o rechazar en función de mi persona”. (Página 54). 

“Qué hermoso era el mundo para quien lo contempla así, sin ningún deseo de explorarlo, con una visión ingenua y de infantil simplicidad. Qué hermosas eran la luna y las constelaciones, los arroyos y riberas, los bosques y las rocas, las cabras y los cárabos dorados, las flores y las mariposas. Qué hermoso y agradable era deambular así por el mundo, tan despreocupadamente y con el corazón abierto a todo lo inmediato, sin recelos de ningún tipo”. (Página 70). 

“Obedecer así, no a cualquier orden exterior, sino sólo a la Voz, y estar dispuesto siempre: he aquí lo principal, lo realmente necesario; del resto se podía prescindir” (Página 73).

“Efímero es el mundo de las apariencias, efímero en grado sumo son nuestros vestidos, y el peinado de nuestros cabellos, y nuestros cabellos y el propio cuerpo”. (Página 132). 

“Cómo me he odiado, robado, envenenado y torturado, volviéndome viejo y malo. No, ya nunca volveré a creer como lo hacía antes tan a gusto, que Siddhartha era un hombre sabio. Algo he ganado, sin embargo. algo que me complace y de lo cual me felicito: haber terminado de una vez por todas con ese odio contra mí mismo, con esa vida monótona e insensata. (Página: 137).


“Analizar el mundo, explicarlo o despreciarlo acaso sea la tarea principal de los grandes filósofos. Yo, en cambio, lo único que persigo es poder amar al mundo, no despreciarlo, no odiarlo a él ni odiarme a mí mismo, poder contemplarlo - y con él a mí mismo y a todos los seres- con amor, admiración y respeto”.  (Página 204).